Así es la ciclovía más larga de Chile

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De Puerto Varas a Puerto Octay hay 81 kilómetros de una vía exclusiva para ciclistas, que atrae a cada vez más extranjeros y permite asomarse a otro ritmo en nuevos emprendimientos que crecen en la zona. 

“No había más de una línea de información sobre esta ruta”, dice Rosie Tanner, inglesa, 60 años, radicada en Holanda, casco en mano, apoyada sobre la baranda de un mirador que da directamente al lago Llanquihue y, por supuesto, al volcán Osorno que se asoma en el otro extremo de la escena.

En más de un sentido, Rosie Tanner viene de vuelta. Está por terminar de recorrer esta ciclovía que hoy es la más larga de Chile. Ahora pedalea a Puerto Varas, punto inicial de este circuito.

Para la inglesa, este es también una especie de viaje de vuelta en el tiempo: tras la muerte de su madre este año, decidió venir a Puerto Varas, ciudad que había conocido cuando trabajaba como profesora de inglés en Concepción en los años 80. Rosie dice que nada de lo que vio al regresar la sorprendió tanto como esta ruta. “Este circuito aparecía escuetamente mencionado en la guía Lonely Planet. Decía algo como: ‘es posible hacer un circuito en bicicleta por el lago Llanquihue’ y nada más. Así que decidí venir a verla”, cuenta Rosie, a quien conozco justo antes de comenzar mi propia versión de este circuito.

La silueta de Rosie había aparecido pedaleando en dirección contraria, mientras yo estaba parada, fotografiando el lago desde un mirador en las afueras de Puerto Varas. Allí, ella había saludado a otros “colegas” ciclistas, hasta que se dio cuenta de que conocía a uno de ellos. Era Rodrigo Álvarez, un santiaguino que vive hace varios años en Puerto Varas y es hoy uno de los miembros más movedizos de Bike Friendly Llanquihue, la asociación de emprendimientos viajeros y pro bicicleta que se formó este año, y que es uno los actores claves en la promoción de esta ruta y en ayudar a organizar a las comunidades alrededor del lago para potenciar el uso de esta vía.
Rodrigo Álvarez, 42 años, delgado, conversador sin descanso, acompañará mi recorrido por los 81 kilómetros que tiene esta ruta, circuito que él ha hecho varias veces desde que este se completara oficialmente en 2015.

“Te dije que vendrían días más bonitos, ¿viste?”, dice Álvarez y le sonríe a la inglesa.

Rosie se había contactado antes con uno de los 27 integrantes de Bike Friendly, entre los que se cuentan hoteles, hostales, restaurantes, granjas interactivas, cervecerías artesanales y, por supuesto, emprendimientos asociados a las bicicletas.

Cuando ella comenzó su travesía, el día estaba nublado y no parecía que eso fuera a cambiar. Pero el sol hoy ha salido con todo, así que la inglesa le da la razón a Álvarez, a quien además le dice que puso a prueba las recomendaciones que le dio. “El hostal Zapato Amarillo (ZapatoAmarillo.cl) era precioso. Y también la Posada del Colono. Me orientaron en todo”, dijo, mientras el ruido de algunos autos cubría a ratos la conversación. Luego, cuando se enteró de que estábamos recién por comenzar nuestra propia travesía, lanzó palabras de aliento: “Esto fue fantástico, se sintió muy sencillo de hacer, excepto claro por ese par de subidas al final; esas que me habías advertido, que aparecen en Puerto Octay”, comentó, mirando a Álvarez. “No pude con esas subidas. Tuve que caminarlas”, agregó, antes de rematar: “Pero lo demás fue idílico”.

La palabra “idílico” quedó ahí, dejándose opacar por eso otro que dijo Rosie Tanner: lo de las subidas que no pudo remontar cerca de Puerto Octay. Nos despedimos y cada una se preparó para seguir su rumbo: la inglesa, a Puerto Varas, para devolver su bicicleta arrendada en Austral Bikes (AustralBikes.cl). En mi caso, recién acostumbrándome a la Focus, una bicicleta que arriendan en La Comarca (PueloAdventure.cl).
Sobre estas dos ruedas, la misión “ciclovía Llanquihue” parecía aún algo razonable.

KILÓMETRO CERO

“Estiro mis brazos como una ‘T’. Una camisa en la brisa, como si estuviera navegando. A mí no me tiemblan ni las rodillas”, dice Frank Ocean en Biking, una canción que oigo repetidamente durante todo este viaje. Como si fuera un mantra energético que ayudara a completar la ruta. Eso que dice de la brisa suena especialmente adecuado para estos 81 kilómetros. Rodrigo Álvarez ya me había advertido que hay un viento aquí que es casi permanente: aunque el día esté inusualmente caluroso -como ocurre hoy en Puerto Varas-, la brisa que viene del sur no decae y -esto es lo bueno- nos refresca a lo largo del camino.

Estas ráfagas de aire helado resultan claves para aliviar el pedaleo, aunque -hay que decirlo- en el comienzo de la ciclovía no se requiere demasiado esfuerzo. “Este primer tramo es la parte más amigable de toda la ruta; es la que yo recomendaría a alguien si viene por poco tiempo a Puerto Varas, o si quisiera recorrerla como paseo en familia”, dice Álvarez a medida que nuestras bicicletas se alejan de La Comarca, un centro especializado en aventuras sobre pedales y en arriendo de equipos.

La Comarca está justo en el comienzo de la ciclovía, a unos diez minutos del centro de Puerto Varas, en el sector que se conoce como Puerto Chico. Habíamos decidido iniciar la ruta temprano, para aprovechar de cubrir la mayor parte de los 81 kilómetros hoy mismo. Fue una buena decisión. A esta hora de la mañana, el sol todavía no cae muy pesado sobre nuestras cabezas y el camino no se hace pesado (aún).

Quizá lo que en realidad más alivia este tramo del circuito es la panorámica: para una primeriza en Puerto Varas, como yo, la estampa del volcán Osorno que acompaña cada kilómetro del camino no deja de distraer e impresionar. En cambio, Álvarez -como les debe pasar a todos los que viven por aquí- parece no prestarle mayor atención al gigante y sigue pedaleando con la vista fija en la ruta.

Los primeros 17 kilómetros se van así: en un ritmo calmo que se interrumpe por primera vez cuando nos detenemos en el Fundo Playa Venado (FundoPlayaVenado.cl), que pertenece a uno de los miembros de la asociación de emprendimientos que operan en torno a esta ciclovía. En este lugar, los ciclistas pueden hacer una escala técnica -para rellenar la botella de agua, por decir algo- o quedarse más rato, para hacer una visita de agroturismo.

Cuando llegamos, está el propietario de Playa Venado, Ignacio Álvarez, quien convirtió su fundo en un ejemplo de producción sustentable, con una microlechería a partir de la cual produce manjar y queso en base a leche de sus vacas de la raza jersey. Además, este campo incluye una tienda donde se venden directo todos esos productos y una pequeña cafetería: es decir, un descanso ideal antes de afrontar el resto del camino. Justamente lo que hacemos. Continuamos con el pedaleo y a la panorámica del volcán Osorno a veces se suma la del Calbuco, cuyo cráter brota de vez en cuando en el horizonte.

En esta parte de la ruta, lo otro que predomina es el aroma: son los eucaliptos que dejan una estela perfumada que atravesamos a cada pedaleo, pero a medida que avanzamos la presencia de esta y otras variedades de árboles es menos “romántica” y más problemática. “El asfaltado de esta ruta está muy bien, sobre todo al comienzo, pero de aquí en adelante se empieza a notar la falta de mantenimiento”, dice Álvarez cuando ya nos acercamos al kilómetro 30 del circuito, y nos encontramos un tronco que ocupa completamente la ciclovía. Para pasar, debemos avanzar por el carril de los autos -pedalear más rápido y atentos-, para volver a meternos a la vía exclusiva para bicicletas un poco más adelante. Esta situación vuelve a repetirse unos metros más allá y -en general- el camino ya no vuelve a verse como en sus inicios: en la pista hay piedritas, flores, ramas, hasta tierra acumulada. “Como recién está partiendo el verano, esto debiera solucionarse pronto. Pero es necesario que haya aseo periódico, ojalá una vez al mes”, dice el experto cuando, hacia la tarde, ya casi llegamos a las inmediaciones del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales.

En esta zona protegida nos desviamos hasta el sector de los saltos del Petrohué, donde nos permiten guardar nuestras bicicletas. Traemos con nosotros un box lunch especialmente preparado para quienes realizan actividades al aire libre: es una pequeña caja de cartón, armada estilo origami, con una combinación personalizada para veganos, vegetarianos o quienes tienen restricciones alimenticias (como intolerancia al gluten). Fen, otro emprendimiento de Puerto Varas, es el responsable del contenido que probamos ahora: una ensalada de pollo y camote con dressing de maqui, que resulta perfecta para reponer energías y seguir el camino.

Hasta ahora, el “desafío” es amigable. Puerto Octay y sus subidas todavía están lejos.

ENTRE SUBIDAS

Esta es zona de récords “pedaleros”: no solo estamos en la ciclovía más larga del país, sino que hace poco se integró una nueva experiencia sobre dos ruedas en el sector. Se trata de Kotaix (KotaixChile.cl), que es un bike park que, dicen aquí, es el más austral del continente.

Suena bien, pero Kotaix de todas maneras es un sitio que perfectamente podría pasar inadvertido para los ciclistas. Está casi al llegar al kilómetro 50 del recorrido, pero no hay ni un solo letrero que lo anuncie, así que solo se ve cuando uno se acerca al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales.

Por cierto, el tema de la señalética es otra de las cosas que los asociados a Bike Friendly buscan mejorar: no solo repartiendo letreros de la organización para que los ciclistas reconozcan los establecimientos que están más adaptados para apoyarlos y recibirlos, sino que también insistiendo en mejoras en la información vial que promuevan más respeto hacia los pedaleros. “Faltan más de esos letreros que dicen ‘Solo bicicletas’ y otros con información útil, que oriente a los ciclistas y también les advierta a los camiones que hay que andar con cuidado. Porque en zonas más aisladas, estos vehículos tienden a manejar más rápido, creyendo que no viene nadie”, dice Álvarez justo cuando estamos ingresando a Kotaix.

En este lugar, José Godoy López, el impulsor de Kotaix, muestra cómo sacarle polvo a estas pistas de pump track, un sistema de asfaltado único en Sudamérica, que realizaron con la asesoría de Velosolution, una empresa sueca que ha construido bike parks desde Estados Unidos a Australia. Hasta ahora, el récord que se ha registrado en esta pista es de 24 segundos, pero no podemos quedarnos para intentar romperlo -es un decir-, porque todavía faltan kilómetros por recorrer, así que nos devolvemos a la ciclovía. Aunque, quizá habría sido mejor quedarse.

Ya no se puede evitar más. Es el tramo final de la ruta. Y el “desafío” Puerto Octay nos espera.

Entonces, seguimos. Pasamos por la zona de Las Cascadas, donde está la Posada del Colono (LaPosadaDelColono.cl), y allí hacemos nuevamente una pausa, antes de lanzarnos a completar los últimos 20 kilómetros. La vista al lago Llanquihue casi no nos ha abandonado, pero en este sector la huella por la que debemos pedalear se vuelve más complicada y exigente como para andarse distrayendo con el paisaje. A veces el camino es tan estrecho -especialmente en las curvas-, que la ciclovía apenas parece existir realmente. “El sector de Puerto Octay es el menos recorrido de toda la ruta. Es el más ‘matapiernas’. No solo es duro porque hay casi puras subidas, sino porque la ruta también es más problemática”, dice Álvarez cuando subimos por un sector de curvas que, ya es definitivo, no alcanzaremos a completar. Cuando llegamos a este punto, la noche ya nos está pillando. Con poca luz, más las dificultades de este tramo, hay que ser precavidos: optamos por terminar lo que falta a bordo de la camioneta de José Opazo, que es el dueño del fundo interactivo Kutral (CampoKutral.com), también miembro de Bike Friendly.

El fin de la jornada resulta así menos duro de lo esperado. José Opazo y Rodrigo Álvarez deciden llegar hasta Chester Beer (ChesterBeer.cl), una fábrica de cervezas artesanales que ha logrado cierto renombre en esta zona, y que fue creada por dos amigos estadounidenses que han logrado cosas interesantes, y que en 2015 lograron campeonar con su Ipa en la Copa Cervezas de América. Aquí encontramos a Russ Marquart, que tiene su propia bicicleta. Está estacionada en el portón de Chester Beer, que es como la “meta” no oficial de este recorrido, el sitio donde los pedaleros suelen terminar la experiencia. Aquí, los cerveceros reciben a los exhaustos viajeros, les hacen una visita por la fábrica y les explican sus procesos.

Mientras Russ explica eso, ya con mi bicicleta en el suelo y las manos hormigueando de tanto apretar el manubrio, la mirada vuelve a quedarse pegada en el lago Llanquihue y el gran volcán que tiene al fondo.